LA
GUERRA FRÍA
Los
asuntos mundiales en la segunda mitad del siglo XX estuvieron dominados por un
periodo muy largo de hostilidad armada entre EE.UU, capitalista, y la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas (la URSS o la Unión Soviética), comunista, junto con sus aliados respectivos.
Este periodo de tensión creciente fue bautizado como la “guerra fría” –un
término que se uso por primera vez en 1947- porque nunca estalló en un
conflicto global “caliente”.
EE.UU.
y la Unión Soviética habían surgido de la segunda guerra mundial como las dos
grandes superpotencias y, aunque nunca se combatieron directamente, estos
fervientes enemigos ideológicos desarrollaron una serie de guerras limitadas
contra los aliados del otro, y acumularon enormes arsenales de armas nucleares
que amenazaban el futuro de toda la humanidad.
La
antipatía entre el Occidente capitalista y la Unión Soviética comunista se
remonta a la revolución bolchevique en Rusia en 1917. Sin embargo cuando Hitler invadió la
Unión Soviética en 1941, el principio de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”
entró en juego, y el Reino Unido, EE.UU. y la URSS hicieron causa común en la
guerra contra la Alemania nazi.
En
1945, las zonas de Europa Oriental que habían sido liberadas de los nazis por
el Ejército Rojo permanecerían bajo la
influencia soviética. En el plazo de tres años, un “telón
de acero” había descendido sobre Europa, los aliados de la guerra se habían
separado.
En
1947 el presidente Truman (EE.UU.) anunció la “Doctrina Truman”, que comprometía a su país en la
contención del comunismo por el mundo.
Mientras
en Europa los dos campos armados se vigilaban a través del telón de acero,
en otras partes del mundo, la
polarización ideológica provocó conflictos armados. En 1949, después de años de
guerra civil, los comunistas tomaron el poder en China, y al año siguiente
estalló la guerra en Corea. También se desarrolló una guerra en Vietnam, un país que también había quedado dividido entre el
Norte comunista y un Sur capitalista. La guerra de Vietnam iba a implicar gran
cantidad de tropas americanas y enormes cantidades de recursos, en la creencia
de que si Vietnam del Sur caía ante el comunismo, todos los países vecinos del
sureste de Asia le seguirían en poco tiempo, en el llamado “Efecto dominó”.
Los
americanos eran especialmente sensibles a cualquier indicio de penetración
soviética en América Latina, que veían tradicionalmente como su esfera de
influencia. Esto condujo EE.UU. a apoyar
una serie de juntas militares derechistas y represivas en la región, e incluso
a apoyar el derrocamiento de gobiernos socialistas elegidos democráticamente,
como ocurrió en Chile en 1973. Sin embargo los EE.UU. fue incapaz de
acabar con el régimen izquierdista de Fidel Castro
en Cuba, a pesar de
apoyar una invasión fracasada de exiliados anticastristas en 1961 e imponer un
embargo comercial. En 1962 la URSS estacionó miles de misiles en la isla, y el presidente Kennedy amenazó con
usar armas nucleares sino se retiraban. Mientras el mundo contenía la
respiración, los soviéticos dieron marcha atrás.
Ambas
partes buscaron medios para conseguir una “coexistencia pacífica”. Durante la
década de 1970, EE.UU intento aislar a la URSS mediante un proceso de
acercamiento a la China comunista, que había roto con el bloque soviético a
finales de 1950. Esto impulso a los soviéticos a buscar una mejora de las
relaciones con EE.UU, y las dos partes acordaron la limitación del tamaño de
sus arsenales nucleares, aunque al mismo tiempo seguían librando guerras
limitadas en sitios tan diversos como Angola, Nicaragua y Afganistán.
A
finales de la década de 1980 –de forma repentina e inesperada- regímenes
comunistas cayeron como un castillo de naipes. Esta transformación monumental
se produjo por una combinación de presiones externas y de deseos internos de
cambio. La invasión soviética de Afganistán en
1979 fue seguida de
una intensificación de la guerra fría, en especial después de ocupar Ronald
Reagan la Casa Blanca en 1981. Bajo una apariencia amigable, Reagan era un
guerrero endurecido de la guerra fría, que designaba a la URSS como el “imperio
del mal”. Mientras tanto, la inflexible economía soviética se estaba resquebrajando
bajo la presión, incapaz de competir en términos de gastos de defensa, o en
cualquier otra esfera.
En
1985 un hombre joven y dinámico, Mijail Gorbachov, se convirtió en secretario
general del Partido Comunista Soviético. Él impulso dos políticas nuevas: glasnot (apertura), que permitía una
mayor libertad de expresión y perestroika
(reestructuración) que implicaba un cambio radical del sistema político y
económico. En junio de 1989 Gorbachov había anunciado que la URSS no seguiría
interviniendo para defender el socialismo en sus aliados de Europa Oriental.
Las políticas de
Gorbachov fracasaron, y una a una las repúblicas nacionales que la integraban
declararon su independencia y el día de
Navidad de 1991 Gorbachov dimitió. La
Unión Soviética se disolvió formalmente el 31 de diciembre de 1991. La caída
del comunismo se la considera como el triunfo final de los valores de la
democracia liberal occidental.
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